Terminó el lock out patronal y las entidades agrarias demostraron un poco de coherencia levantando el paro y sentándose a una mesa de negociación que la sociedad debía pedir a gritos desde hace varias semanas.
No obstante, la gente se quejaba sin fundamentos y en época de desabastecimiento, no encontró nada mejor que arrojar maíz en una cancha para plasmar su descontento con un grupo de jugadores rehenes de intereses políticos y económicos que imposibilitan éxitos deportivos desde hace tiempo.
A pesar de que San Lorenzo dio cátedra en el Monumental y la lección de coraje que le dio a domicilio a River quedará en la memoria de muchos durante largo tiempo, no es culpa de los jugadores millonarios este presente plagado de frustraciones. Son sus dirigentes y los negocios escondidos los responsables de una actualidad crítica, al igual que Racing y su gerenciamiento.
La institución centenaria que posee records incluso desde antes del fútbol profesional, naufraga en manos de un gerenciador incapaz que sólo practica dotes actorales y quedó con la soga al cuello después de las declaraciones de Grondona en la última reunión de A.F.A.
Ischia también tendría los días contados si no fuese por la mística boquense.
El Boca copero por naturaleza innata, tiene ese plus que sigue alimentando los cinco minutos de fama de su entrenador y escribe páginas gloriosas para su fútbol y el de nuestro país.
Un país insólito desde su misma creación donde la queja está por encima de los logros, donde el cuestionamiento supera a la alegría y donde la frustración ajena es mejor que el éxito propio.
Muchos cuestionan a Palermo su falta de técnica sin detenerse a observar que sus limitaciones para el juego bonito, son directamente proporcionales a su abundante olfato, contundencia, responsabilidad y mística.
Otros gozan por la derrota de un corajudo San Lorenzo que siempre corrió de atrás y debería ser ejemplo para un fútbol doméstico en decadencia que, se hace el incomprendido pero es digno de quiénes lo manejan.
No obstante, la gente se quejaba sin fundamentos y en época de desabastecimiento, no encontró nada mejor que arrojar maíz en una cancha para plasmar su descontento con un grupo de jugadores rehenes de intereses políticos y económicos que imposibilitan éxitos deportivos desde hace tiempo.
A pesar de que San Lorenzo dio cátedra en el Monumental y la lección de coraje que le dio a domicilio a River quedará en la memoria de muchos durante largo tiempo, no es culpa de los jugadores millonarios este presente plagado de frustraciones. Son sus dirigentes y los negocios escondidos los responsables de una actualidad crítica, al igual que Racing y su gerenciamiento.
La institución centenaria que posee records incluso desde antes del fútbol profesional, naufraga en manos de un gerenciador incapaz que sólo practica dotes actorales y quedó con la soga al cuello después de las declaraciones de Grondona en la última reunión de A.F.A.
Ischia también tendría los días contados si no fuese por la mística boquense.
El Boca copero por naturaleza innata, tiene ese plus que sigue alimentando los cinco minutos de fama de su entrenador y escribe páginas gloriosas para su fútbol y el de nuestro país.
Un país insólito desde su misma creación donde la queja está por encima de los logros, donde el cuestionamiento supera a la alegría y donde la frustración ajena es mejor que el éxito propio.
Muchos cuestionan a Palermo su falta de técnica sin detenerse a observar que sus limitaciones para el juego bonito, son directamente proporcionales a su abundante olfato, contundencia, responsabilidad y mística.
Otros gozan por la derrota de un corajudo San Lorenzo que siempre corrió de atrás y debería ser ejemplo para un fútbol doméstico en decadencia que, se hace el incomprendido pero es digno de quiénes lo manejan.